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	<title>DaleAlCoco &#187; Cuentos para darle al coco</title>
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		<title>La rueda</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Mar 2010 10:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>

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		<description><![CDATA[Narra la historia de una rueda a la que le faltaba un pedazo, pues habían cortado de ella, un trozo triangular.
La rueda quería estar completa, sin que le faltara nada y se fue a buscar la pieza que había perdido.
Pero como estaba incompleta y sólo podía rodar muy despacio, reparó en las bellas flores que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Narra la historia de una rueda a la que le faltaba un pedazo, pues habían cortado de ella, un trozo triangular.</p>
<p>La rueda quería estar completa, sin que le faltara nada y se fue a buscar la pieza que había perdido.</p>
<p>Pero como estaba incompleta y sólo podía rodar muy despacio, reparó en las bellas flores que había en el camino; charló con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol.<br />
<span id="more-591"></span><br />
Encontró montones de piezas, pero ninguna era la que le faltaba, las hizo a un lado y prosiguió su búsqueda.</p>
<p>Un día halló una pieza que le venía perfectamente.</p>
<p>Entonces se puso muy contenta, pues ya estaba completa, sin que nada le faltara.</p>
<p>Se colocó el fragmento en el cuerpo y empezó a rodar.</p>
<p>Volvió a ser una rueda perfecta que podía rodar con mucha rapidez&#8230;</p>
<p>Tan rápidamente, que no veía las flores ni charlaba con los gusanos.</p>
<p>Cuando se dio cuenta de lo diferente que parecía el mundo cuando rodaba tan a prisa se detuvo y dejó en la orilla del camino el pedazo que había encontrado y se alejó rodando lentamente.</p>
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		<title>El elefante encadenado</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 23:18:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal&#8230; pero después de su actuación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal&#8230; pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. <span id="more-572"></span>Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca&#8230; y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía&#8230; Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás&#8230; jamás&#8230; intentó poner a prueba su fuerza otra vez&#8230;</p>
<p style="text-align: right;">Jorge Bucay</p>
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		<title>Quiero&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 23:09:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy no os traemos un cuento para darle al coco, hoy os traemos una poesía.
Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en  mi.
Quiero que me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy no os traemos un cuento para darle al coco, hoy os traemos una poesía.</p>
<p>Quiero que me oigas, sin juzgarme.</p>
<p>Quiero que opines, sin aconsejarme.</p>
<p>Quiero que confíes en mi, sin exigirme.</p>
<p>Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi</p>
<p>Quiero que me cuides, sin anularme.<span id="more-556"></span></p>
<p>Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en  mi.</p>
<p>Quiero que me abraces, sin asfixiarme.</p>
<p>Quiero que me animes, sin empujarme.</p>
<p>Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.</p>
<p>Quiero que me protejas, sin mentiras.</p>
<p>Quiero que te acerques, sin invadirme.</p>
<p>Quiero que conozcas las cosas mías que más te  disgusten,</p>
<p>que las aceptes y no pretendas cambiarlas.</p>
<p>Quiero que sepas, que hoy,</p>
<p>hoy podés contar conmigo.</p>
<p>Sin condiciones.</p>
<p style="text-align: right;">Jorge Bucay</p>
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		<title>¿Cómo crecer?</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Mar 2010 23:11:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>

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		<description><![CDATA[Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus  árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.
El Roble le dijo que se moría porque no podía ser  tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no  podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus  árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.</p>
<p>El Roble le dijo que se moría porque no podía ser  tan alto como el Pino.</p>
<p>Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no  podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.<span id="more-541"></span></p>
<p>La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida  como el Roble. Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que  nunca.</p>
<p>El rey preguntó:</p>
<p>¿Cómo es que creces saludable en medio de este  jardín mustio y sombrío?</p>
<p>No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que  cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías  plantado. En aquel momento me dije: &#8220;Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda&#8221;.</p>
<p>Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con  tu fragancia. Simplemente mirate a vos mismo.</p>
<p>No hay posibilidad de que seas otra persona.</p>
<p>Podes disfrutarlo y florecer regado con tu propio  amor por vos, o podes marchitarte en tu propia condena&#8230;</p>
<p>Un cuento de <a title="Jorge Bucay" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Bucay" target="_blank">Jorge Bucay</a></p>
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		<title>Gautama</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 23:21:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos.
Los  niños de la ermita habían vuelto con el ganado y estaban sentados al  fuego, oyendo a su maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y  lo saludó con flores y frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos.</p>
<p>Los  niños de la ermita habían vuelto con el ganado y estaban sentados al  fuego, oyendo a su maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y  lo saludó con flores y frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le  dijo con voz de pájaro:</p>
<p>&#8220;Señor Gautama, vengo a que me guíes por  el Sendero de la Verdad.</p>
<p>Me llamo Satyakama&#8221;<span id="more-459"></span></p>
<p>&#8220;Bendito seas  -dijo el Maestro- ¿Y de qué casta eres, hijo mío? Porque sólo un  brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría&#8221;.</p>
<p>Contestó el niño:</p>
<p>&#8220;No  sé de qué casta soy, Maestro; pero voy a preguntárselo a mi madre&#8221;.</p>
<p>Se  despidió Satyakama, cruzó el río por lo más estrecho, y volvió a la  choza de su madre, que estaba al fin de un arenal, fuera de la aldea ya  dormida.</p>
<p>La lámpara iluminaba débilmente la puerta, y la madre  estaba fuera, de pie en la sombra, esperando la vuelta de su hijo</p>
<p>Lo  cogió contra su pecho, lo besó en la cabeza y le preguntó qué le había  dicho el Maestro.</p>
<p>&#8220;¿Cómo se  llama mi padre? -dijo el niño-  Porque me ha dicho el Señor Gautama que sólo un brahmín puede aspirar a  la suprema sabiduría&#8221;.</p>
<p>La mujer bajó los ojos y le habló  dulcemente: &#8220;Cuando joven yo era pobre y conocí muchos amos. Sólo puedo  decirte que tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo  marido&#8221;.</p>
<p>Los primeros rayos del sol ardían en la copa de los  árboles de la ermita del bosque. Los niños, aún mojado el revuelto pelo  del baño de la mañana, estaban sentados ante su Maestro, bajo un árbol  viejo.</p>
<p>Llegó Satyakan, le hizo una profunda reverencia al Maestro  y se quedó de pie en silencio.</p>
<p>&#8220;Dime -le preguntó el Maestro-  ¿Sabes ya  de qué casta eres?&#8221;</p>
<p>&#8220;Señor -contestó Satyakama-, no  sé. Mi madre me dijo: Yo conocí muchos amos cuando joven, y tú viniste a  los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido&#8221;.</p>
<p>Entonces se  levantó un rumor como el zumbido iracundo de las abejas hostigadas en su  colmena. Y los estudiantes murmuraban entre dientes de la desvergonzada  insolencia del niño sin padre.</p>
<p>Pero el Maestro Gautama se  levantó, trajo al niño con sus brazos hasta su pecho, y le dijo:</p>
<p>&#8220;Tú  eres el mejor de todos los brahmines, hijo mío;</p>
<p>porque tienes la  herencia más noble,</p>
<p>que es de la verdad&#8221;.<br />
<a title="Rabindranath Tagore" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rabindranath_Tagore" target="_blank"><br />
Rabindranath Tagore</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El buscador</title>
		<link>http://www.dalealcoco.com/el-buscador.htm</link>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 22:20:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cuentos para pensar]]></category>

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		<description><![CDATA[
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente  es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está  buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad  de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p>Un buscador es alguien que busca. No necesariamente  es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está  buscando. Es simplemente para quien su <a title="VIVIR SOLO. ¿SUEÑO O PESADILLA?" href="http://www.textoshumor.com/vivir-solo-%C2%BFsueno-o-pesadilla.htm" target="_blank">vida</a> es una búsqueda.</p>
</div>
<p>Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad  de Kammir. Él había <a title="Aprende música viendo vídeos" href="http://www.aprendoviendo.com/" target="_blank">aprendido</a> a hacer caso riguroso a esas sensaciones  que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y  partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos  divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina  a la derecha del <a title="Sendero" href="http://www.dalealcoco.com/sendero.htm" target="_blank">sendero</a> le llamó la atención. Estaba tapizada de un  verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores  encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de  madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De  pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de  descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y  empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban  distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los  de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras,  aquella inscripción …Abedul Tare, vivió 8 años, 6  meses, 2 semanas y 3 días.<span id="more-417"></span></p>
<p>Se sobrecogió un poco al darse  cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida,  sintió pena al pensar que un niño de tan corta <a title="Nene de 30 primaveras" href="http://www.bromasaparte.com/blog/nene-de-30-primaveras.php" target="_blank">edad</a> estaba enterrado en  ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la  piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla  decía Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3  semanas.</p>
<p>El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este  hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían  inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del  muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el  que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por  un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del  cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en  silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.</p>
<p>- No  ningún familiar dijo el buscador &#8211; ¿Qué pasa  con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué  tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible  maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un  cementerio de chicos?.</p>
<p>El anciano sonrió y dijo: -Puede  usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos  una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus  padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del  cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez  que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a  la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró  ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró  esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres  semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?,  ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o  el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el <a title="Chistes de maridos y mujeres" href="http://www.chistematico.com/index.php?categoria=marido-y-mujer" target="_blank">casamiento</a> de los amigos…?, ¿y  el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un  país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?,  ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se  muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo  disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para  nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.</p>
<p style="text-align: right;"><a title="Jorge Bucay" href="http://www.todo-sobre.com/jorge-bucay/index.php" target="_blank">Jorge Bucay</a></p>
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		<title>Sendero</title>
		<link>http://www.dalealcoco.com/sendero.htm</link>
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		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 22:07:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su  pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de  curvas, subiendo y bajando colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero  para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su  pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de  curvas, subiendo y bajando colinas.<br />
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero  para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, lider de  un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros  seguir por allí.<br />
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían,  giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de  obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían  nada para crear una nueva alternativa.<span id="more-388"></span><br />
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino  donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a  recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en  treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.<br />
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un  poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos  se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.</p>
<p>Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres  tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto,  sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.</p>
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		<title>Ranas en la crema</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Dec 2008 00:50:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Había                una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente                sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho   [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Había                una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente                sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho                tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas.</p>
<p>Al                principio, patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente                pero era inútil, sólo conseguían chapotear                en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más                difícil salir a la superficie a respirar.</p>
<p>Una                de ellas dijo en voz alta:<br />
- No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia                no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar                este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por                un esfuerzo estéril.<span id="more-139"></span></p>
<p>Y                dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez                siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.</p>
<p>La                otra rana, más persistente o quizá más tozuda,                se dijo:<br />
- ¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa.                Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi                último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que                llegue mi hora.</p>
<p>Y                siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar,                sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!</p>
<p>Y                de pronto&#8230; de tanto patalear y agitar, agitar y patalear&#8230; La                crema, se transformó en manteca. La                rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el                borde del pote.</p>
<p>Desde                allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso                a casa.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>¿Cobarde o valiente? Tú eliges</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2008 11:51:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos para darle al coco]]></category>
		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Alonso sentía que su corazón se aceleraba ante las ofensas. ¿Por qué le llamaban cobarde?
Ansiaba romperles la nariz a todos ellos. En aquella taberna sevillana de mediados del siglo XIX, el vino caldeaba los ánimos de los jóvenes que discutían sobre cualquier tema hasta pasada la media noche. Pero el llamarle “cobarde”, era algo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alonso sentía que su corazón se aceleraba ante las ofensas. ¿Por qué le llamaban cobarde?</p>
<p>Ansiaba romperles la nariz a todos ellos. En aquella taberna sevillana de mediados del siglo XIX, el vino caldeaba los ánimos de los jóvenes que discutían sobre cualquier tema hasta pasada la media noche. Pero el llamarle “cobarde”, era algo que lo sacaba de quicio. Decidió encararse con ellos.</p>
<p><span id="more-135"></span> &#8211;¡Demostradme que soy cobarde, o pedidme disculpas!</p>
<p>&#8211;Bueno, contestó uno de ellos, demuestra tú que eres valiente. Toma mi puñal con empuñadura de plata, ve al cementerio y clávalo en la tierra de la tumba de tu abuelo. Mañana todos comprobaremos tu hazaña.</p>
<p>Alonso salió con decisión y aunque la noche era tibia, la sintió fría. Se abrigó con la gruesa capa que su madre había cosido a mano para él. Sintió frío a pesar de ello. Entró en el camposanto y escuchó las doce campanadas de la media noche. Corriendo llegó a la tumba del abuelo.</p>
<p>Siempre le había temido. Aún estando vivo sentía casi horror en su presencia. Ahora muerto, sentía más que temor, pánico con la sola idea de verle de nuevo. Nerviosamente sacó el puñal. Con gesto rápido, mientras miraba hacia atrás, clavó hasta la empuñadura el arma en el suelo.</p>
<p>Tembloroso, sudando frío, se levantó y se abrigó fuertemente con la capa. Al empezar a caminar no pudo dar ni un paso. Sintió claramente como lo sujetaban con firmeza por la espalda. Horrorizado no se atrevió a mirar hacia atrás. Presentía que el abuelo estaba allí para castigar su osadía.</p>
<p>Cayó de rodillas, tembloroso, implorando clemencia. Su corazón se aceleró incontenible y sintió que se le nublaba la vista. Cuando los amigos llegaron por la mañana lo encontraron muerto, aferrado a la capa que lo cubría y cuyo extremo había quedado atravesado por el puñal clavado en tierra. ¡Esto era lo que lo había sujetado!</p>
<p>¿Es posible que algo así nos esté ocurriendo a nosotros? En lugar de mirar con valentía nuestros problemas, cerramos los ojos, desbocamos la mente e imaginamos fantasmas que nos detienen, y que en realidad pudieran ser cosas que debemos remover.</p>
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		<title>La aguja</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Nov 2008 01:15:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>DaleAlCoco</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana,&#8221;¿Qué pasa?&#8221;-le preguntaron-&#8221;¿qué estás buscando?&#8221;. &#8220;Perdí mi aguja&#8221;, dijo ella. Y todos la ayudaron a buscarla. Pero alguien le preguntó: &#8220;Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá más luz. Una aguja es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana,&#8221;¿Qué pasa?&#8221;-le preguntaron-&#8221;¿qué estás buscando?&#8221;. &#8220;Perdí mi aguja&#8221;, dijo ella. Y todos la ayudaron a buscarla. Pero alguien le preguntó: &#8220;Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá más luz. Una aguja es algo muy pequeño ¿porqué no nos dices exactamente dónde se te cayó?&#8221;. &#8220;Dentro de mi casa&#8221;, dijo Rabiya. &#8220;¿Te has vuelto loca?&#8221;-preguntó la gente-&#8221;Si la aguja se te ha caído dentro de tu casa, ¿porqué la buscas aquí afuera?&#8221;. &#8220;Porque aquí hay luz, dentro de la casa no hay&#8221;. &#8220;Pero aún habiendo luz, ¿cómo podremos encontrar la aguja aquí si no es aquí donde la has perdido? Lo correcto sería llevar una lámpara a la casa y buscar allí la aguja&#8221;. Y Rabiya se rió.<br />
<span id="more-128"></span><br />
&#8220;Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas ¿cuándo vais a utilizar esta inteligencia para vuestra vida interior? Os he visto a todos buscando afuera y yo sé perfectamente bien, lo sé por mi propia experiencia que lo que buscáis está perdido dentro. Usad vuestra inteligencia ¿porqué buscáis la felicidad en el mundo externo? ¿Acaso lo habéis perdido allí?&#8221;.</p>
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